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Como Hacer Uñas De Pecera Paso A Paso

octubre 5, 2022

Una caricia pesada que le hizo estremecer los músculos y erizar la piel bajo su contacto, mientras que repetia esas palabras que creía desapacibles pero por dentro evocaban algo distinto. Con ese tono, con esa facilidad para rozar los labios uno sobre otro entonando las vocales, ese descuido casi hipnótico que pronto deseó arrastrar contra su piel. Le habían dado un relajante tan pesado que más allá de que podía mover el cuerpo todavía y, reaccionar, pero entre un suave mareo y una relajación tan fuerte que le dejaba vaciar de su cabeza todo pensamiento inútil.

Podía parecer un beso torpe, pero el pelirrojo sabía lo que hacía en todo momento. Priorizar esa forma tan posesiva de morderle los labios le había servido para distraerle del audaz movimiento de lengua que permitió al músculo introducirse completamente en su cavidad bucal para enzarzarse en una fugaz batalla con la extraña antes de regresar al lugar que le correspondía. Aprovechó la proximidad para llevar uno de sus dedos al muslo extraño, sonriendo y sin apartar la mirada de él en ningún momento.

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Deshizo la succión bruscamente y colmó con sus atenciones el otro pezón, adornando la región con una gran mordida que no tardó en marcar la pálida piel mientras él lo mantenía desde las costillas. Hundió los colmillos delicadamente sobre su cuello, alcanzando la nuca acorde quizás, la única ayuda brindada de su parte era separar entre los glúteos con una delicadeza inusual entre el par de manos que comúnmente lo destrozaban todo en horas de trabajo. Cuántas criaturas habrían vendido su alma al diablo a cambio de un mero atisbo de todo lo que Evoleht tenía en su poder en ese instante. Eugène no tenía intención de forzar la situación, por el hecho de que era mucho más gratificante ver los sacrificios del nahual para escapar del socavón de pavor en el que él solo se había metido.

Estoy aquí, pero es dependiente de ti que eso sea cierto o no. No se movía, no participaba en la conversación del conjunto. No conminaba ni desafiaba, no mostraba ni hostilidad ni simpatía, y aún de este modo su aura resultaba dolorosamente expresiva y repleta de verdades que al nahual no le quedaba mucho más antídoto que aceptar. Al término de unos cuantos parpadeos se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Frunció el ceño de nuevo y lo miró por encima del hombro, con el ego herido y la superioridad de quien se sentía ultrajado, timado, engañado y cautivado al tiempo. Enfadado por el hecho de que ese imbecil había logrado unas cuantas reacciones de su parte.

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Tomó el cuello de la remera ajena, rompiendo un par de las redecilla en el desarrollo al estorbar mientras que se colgaban sus dedos y finamente rozaban la piel del pelirrojo. Lo habría levantado si no tuviese el trasero pegado al sofá. Cada roce fue tortuoso, excitante y tan efexgivo como el tranquilizante de hacia un rato.

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Al ver él mismo que lo distraia, negó delicadamente con la cabeza. Algo más consciente dejó suaves mordiscos sobre su vientre para luego dejar caer sus caderas sobre él. Los minutos pasaban y la excitación lo mataba… Sacudió bruscamente la cabeza en el momento en que la sirena rubia estaba por besarlo. De nuevo volvía a pensar en aquellas cosas, mierda, era culpa de ese camarero, de la forma en que le había mirado.

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—Fui un idiota y aun de esta forma seguias mirándome… Lograste mi número de teléfono, mensajeaste mientras sabias qué hacía con la sirena… Llamame idiota pero, era asustarme o, sentirme atraido por esa clase de interes tan jodidamente intenso. De pensar que había alguien tan orate para llegar aquí, sin miedo de que intente golpearlo por segunda vez… También reconozco que supiste desplazar las fichas para hacerme suplicar.— Mordió suavemente su mentón antes de proseguir. Al final fue entretenido, todo el juego que te montaste…

Su verosimilitud y realismo son tan espléndidos que van a ser pocos los que leen que se atrevan a ver a un ajolote a los ojos después de haberlo leído. Acortó la distancia entre sus semblantes hasta volverla nula, pero no para besarlo, sino más bien para nada más observarlo. Aun en el momento en que estabas tan lejos podia observarlos precisamente destacar entre la multitud. ¿De qué manera habría podido decir que no me sentí tan…