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Que Puedo Hacer Para Dejar De Morderse Las Uñas

octubre 8, 2022

Se aproximó a la ventana, lo primero era abrirse camino… Simple, un poco de fuerza y fuego lo arreglaban todo. No quería ser atrapado, y una pequeña multa era mejor que ser lavado hasta Lennox y ser golpeado por sus matones personales hasta perder la consciencia. Si bien Evoleht no sabia eso, lo intuia, sospechaba, y no le quedaban ganas de cerciorarse. Además, los golpes que intentaban abrir la puerta del despacho lo dejaban sin otras alternativas.

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Aquella había sido la señal que Eugène llevaba esperando desde el comienzo, el comienzo de un desenlace que le obligaba a comenzar la segunda fase de un acto de pura maldad al darle lo que más deseaba, sólo para arrastrarlo instantaneamente de vuelta a la pesadilla de la que intentaba huír. — Eugène sintió la mano de un compañero de celebración sobre su hombro, pero no se viró a mirarlo. Su atención estaba puesta en la espalda del nahual, que en ese instante se marchaba hecho una furia de allí. Se volteó para salir de allí, pero el ámbito se volvió borroso de nuevo y el planeta comenzó a ofrecerle vueltas. Tuvo que sentarse sobre la tapa del wc mientras los jadeos manaban de su boca y sostenia su rostro afiebrado. Tomó el cuello de la remera ajena, rompiendo unos cuantos las redecilla en el proceso al estorbar mientras que se colgaban sus dedos y finamente rozaban la piel del pelirrojo.

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Era salir por un radical, u otro, y ya que un conjunto de guardas le esperaba de entre los lados… Evoleht era la peor cosa que podrías mandar a una misión de espionaje y/o camuflaje. Era torpe tratando de seleccionar cosas, y muy iracundo para conservar la tranquilidad en múltiples instantes. El era una fuerza pesada, destructora, con la capacidad de realizar de escudo, por eso aún permanecia en Protección al interior de Atrato Ignis. Su especialidad residía en remover las amenazas,( o brindar el margen de tiempo suficiente para un escape. Su tono cambió a mitad de oración, revelando la doble cara de Eugène con más claridad de la que aguardaba.

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Creía tener bajo control cualquier índice de unas pretenciones más que animales y viscerales. Hasta que escuchó como echaban a abajo la puerta del departamento. Diablos, y mañana le tocaba ayudar a adecentar. Bebió alcohol, pero no lo bastante para arruinar su desempeño aquella noche, no iba a ponerse la piedra para tropezarse, especialmente cuando ahora le había pasado, en el momento en que había entrado a una habitación con una, u otra muchacha, no importaban los semblantes sino más bien las conmuevas… Pero aún al relamerse los labios y desabrochar la hebilla, aún en frente de los estímulos y los exquisitos roces, el soldado no estaba dispuesto para salir al campo de guerra.

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Si de hecho había una salida, si evitaba el conflicto de cruzarse con ese padre enfurecido frente al rechazo de tan desprendida oferta, si lo evitaba, cuando menos podría ofrecer la noche por terminada de forma exitosa… Eugène debió clavarse las uñas en las palmas de las manos hasta prácticamente perforarse la piel en una herida abierta para evitar la tentación de sacarle un tremendo corte de manga a aquel mocoso con aires de grandeza que, de todos modos, no parecía más que un niño en un parque de juegos demasiado grande para su edad. Su expresión, si bien sonriente, expresaba todo el rechazo viable frente aquella actitud que en el fondo le divertía a pesar de considerarla igual de latosa que el llanto incesante de un niño en medio de una rabieta —. Sería descortés hacerle esperar — Murmuró entre bocanadas irregulares de aire, todavía tratando sostener la compostura tras similar ataque de risa. Había un enorme espéculo al entrar, junto a la recepción. Evoleht se sintió extraño al encontrar su reflejo, al no encontrar esas escamas negras heredadas por su madre ni aquel cuerno que dejaba su rostro de una forma asimétrica.

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Deseaba recordar ese aroma, pero cuanto más se embriagaba con el perfume de su cuerpo mucho más lo echaba en falta. Lo que temia pasaba mas temprano que tarde. Mordió sus pelos tal y como si hubiese algo para sostener en medio de estos, como un cachorro juguetón que hallaba diversión en un misero harapo descolorido. No quería soltarlo, pero tampoco deseaba maltratarlo, con lo que detuvo las embestidas con el tope de si cuerpo aún erguido fuertemente. Sabía que aquella noche no podría pegar un solo parpado para descansar, sabía que esa ocasión se repetiría entre sus recuerdos interminablemente a lo largo de al menos unas horas. La sola idea de ese futuro próximo lo logró tragar saliva y aferrarse a ese cuerpo angosto, musculado…

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Después de ese golpe tan bien merecido, habría sido imposible no saber que era verdaderamente a ella a quien más envidiaba. Gruñó mientras que procuraba abrir los párpados de forma lenta, tal y como si fuesen presas del doble de peso en hierro, apenas asomaban los iris color naranja de bajo, con ese hastío, reconociendo esa voz tan atractiva que se introducía en sus tímpanos como taladros en medio de la tormenta de electrónica. La imagen frente a él se semejaba un borrón semi colorado entre el tono de los cabellos y el de las prendas, en el momento en que solamente conseguía enfocar, se quedaba viendo los labios ajenos por unos segundos. Parpadeó múltiples ocasiones mientras que el escenario se volvía nítido, mientras soltaba ala chica posada sobre su pelvis para estirar una mano hacia la nuca ajena, tirando de forma fuerte de los pelos mucho más no alejándolo.

No fue hasta erguirse totalmente que se percató del temblor en sus piernas, de de qué forma cada paso le hacía sentirse como si estuviera a 2 segundos de desplomarse al suelo. Consiguió agarrar su ropa del suelo con cierta dificultad y se atavió lo ligerísimamente necesario para no ser considerado un exhibicionista en el momento en que abandonara aquella habitación. — Aquella pregunta tan aparentemente inocente habría bastado para mandar excelentes señales de alarma a todo el que conociese ligerísimamente a Eugène.