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Soñar Que Se Me Quiebran Las Uñas

octubre 8, 2022

En estas cinco cartas que Ernesto Sabato dirige a sus lectores profundiza en su análisis de nuestra situación, comenzado con Antes del fin, y aboga por un nuevo humanismo, con «la convicción de que-únicamente-los valores del espíritu nos tienen la posibilidad de salvar de este terremoto que amenaza la condición humana». Los progresos de la ciencia y la técnica han transformado al hombre en un simple engranaje de una máquina de producir y consumir. Esta trágica preocupación por lo económico, la idolatría por la técnica y la explotación del hombre nos han llevado a la masificación, a la globalización, a la clonación-al temor. La sociedad virtual donde vivimos nos distancia del corazón de las cosas, nos hunde en una indiferencia metafísica que nos hace olvidar el latido de la vida.

soñar que se me quiebran las uñas

Con exactamente la misma estable intención de ofrecer testimonio sobre su época que ha demostrado siempre y en todo momento, Ernesto Sabato nos pone en guardia contra los riesgos que aquejan nuestra cultura, en este momento en la más grave bifurcación de su historia. Sin embargo, sus dudas no pueden silenciar su «promesa demencial» en el ser humano. Hacia el refugio blanco de los días donde habitan y mueren los salones, los zarpazos del llanto, sus silencios, la lumbre del hogar que nos incendia la caoba del humo tras las horas, el cariño tras los dientes de la luz, del fuego y la pasión donde revive el exitación de la noche, la caoba y el humo del deseo en la palabra, la muerte en la palabra nunca esa.

José Maríá*síillares Salí

Antropología del cuerpo, antropología del presente, este libro vale de la etnología y de la historia para ver desde un ángulo insólito la lógica social y cultural que se encuentra en el corazón de la medicina actualizada y en los ritos sociales, así como en la preocupación actual por la salud, el aspecto y el bienestar corporal. Los balcones abiertos y la calle © Del documento, los autores. Después de los años que a ciegas son caminos, © Del archivo, los autores. Poniendo luz al sueño que no sueña, al canto que no cuenta lo que canta, al canto que no canta lo que cuenta. Del niño que habitamos, que nos vence, eternidad sin fin de la memoria.

soñar que se me quiebran las uñas

Los siglos por los siglos de los siglos escribiendo sus páginas, las horas, sus pesares, los sueños de la isla, rodando hacia la sombra donde redacta la mano que soñamos su pasado, el presente, su amor, honda la sombra fugaz como la luz, la historia siempre rodando hacia la nube que pasea cogida de la mano intemporal, hacia la historia y cruz de su destino. Canastas de oro y sol, nidos de támaras, los pájaros, cardones, candelabros vistiendo de arenales los barrancos, barrancos que bostezan sus desvistes lávicas plataformas hacia el mar, pinares despeñando caravanas, dragos ornamentales, dromedarios, vegetales esculturas silenciosas, altavoces de piedra diluviando monumentos al aire, grises trazos, cegadores lentiscos hacia el mar. Desprendidos del sueño, las campanas, lesiones que en los labios de la muerte la sombra nos corroe de este rostro que mira de qué manera caen de la tarde los brazos, negras nubes, en la arena, dormidos en la muerte, tras la desaparición que duerme en el momento en que muere tras el llanto el llanto de la desaparición que no llora, el llanto que no sufre en el momento en que muere. Ocultos del adulto mayor que en este momento llora, que muere al lado del niño, como el niño en la sombra marchita de la piedra, junto al hombre y los días oyendo los espejos que habitan, donde mueren los años tras los ojos de aquel niño, los años ya perdidos, sin memoria. La puerta siempre y en todo momento sin luz del camino, como piedra encerrada, tras la puerta donde olvidan los años que tuviera blanco el mar sobre el mar, roja la tarde, abierto, inmenso el mar, ante sus ojos. Sobre verdes lomas y montañas, a los ojos mudos en la sombra muy dulce del sueño, a la ambición sin tregua de unos labios, desaforados, a labios como garras de otros labios, al cerco que oscurece los deseos, a manos regidos por la flor, que mueren poseídas por la luz.

José María Millares Salí

Que rueda, que se pierde entre las calles, se obscurece y dormido se nos va. Al lado de voces amadas, después de los ojos © Del archivo, los autores.

Los cuadros, las ventanas donde acuden los pájaros a ser bruma y amores, trajes festivos, juegos, las alcobas, expresiones que se prenden a la luz, lentas horas amadas por los sueños, como un hilo, una sombra que late frente al espejo, la cara avejentado, habitación desnuda, abiertas horas, qué lejanos los vuelos, los relojes, las páginas escritas para el aire que a trozos se nos cae de las manos, historia interminable de la vida, del pasado y los ojos, los caminos que nos abandonan sobre el agua, donde creímos ser la luz de un sueño, el sueño de la luz donde medramos. Organista del aire y de los sueños, teclados donde vuelan las ventanas, donde ríen y lloran las palabras,»\’ las palabras del agua, catedral de los pájaros, luz de Santa Ana, golpeando los muros, las paredes, mis ojos las vidrieras, los colores, los sordos empiedres, el portal de la vivienda, la vivienda que nos vio medrar por los pasillos, despertar los balcones, abiertas las ventanas, tirarlas a la calle, derramarlas, volcarlas a la luz, sentir sus ojos intentando encontrar en el silencio de los siglos la humedad de los años, su escritura. A la liberación que nos libera, a este vuelo de nubes y montañas, a esta luz que se cae de los ojos, a este mar que nos abre mucho más caminos, nos descubre más prados y silencios, la vida que se oculta en nuestros ojos, pone fin a la piedra que nos cierra después de los muros el aire persiguiendo mucho más caminos al hombre que nos sufre poniendo luz al sueño que no sueña, al canto que no cuenta lo que canta, al canto que no canta lo que cuenta, escondiendo el insomnio, nuestras vidas, la loseta encarcelando polvo y nada. Que meden la alegría, y en tus manos colgar la luz, el agua, la promesa que tiendes en la arena, la desvistes, donde la noche escuche y me penetre los sueños, me despierte y a bandazos rodando hasta perderme en nuevos sueños, dé luz a quien me hiere y me destroza la voz, la piel desnuda a cada instante del tiempo que yo añoro, que tú vives, calle abierta, sin sombras, calle blanca sin números, sin cercos ni barreras, sendero hacia caminos, siempre luz.

Y América, la América desnuda infantil aguardando eternas manos, blancas y abiertas manos de sus hijos, porque jamás de engaños fueran celdas, no padecieran más lloros, ya no fueran mucho más testigos de abusos y perdones. Medrando, herido llanto, más tolerando, más adentro que adentro de la luz, tan hondo en la memoria de los años, tan hondo a lo más hondo, mas callando en la forma insumisa de la piedra. Las representaciones sociales asignan al cuerpo una situación cierta en el seno del simbolismo general de una sociedad. Ahora bien, ¿qué es lo que hace del cuerpo un tema privilegiado de prácticas, alegatos y también imaginarios en las sociedades modernas? David Le Breton, tomando el cuerpo como hilo conductor, nos proporciona una perspectiva antropológica de la modernidad.

Pero se vislumbran novedosas esperanzas, otras maneras de mirar el entorno, en el arte, en la resistencia de ciertos a la uniformización, en los deseos expresados, que nos hacen tomar conciencia de que se puede soportar al poder de la robotización. Y hacer nuevos valores humanos, recuperando los afectos, el gozo, el diálogo, la imaginación, la belleza, la fe en nuestro destino. Como en otras épocas de crisis, salvaremos el abismo y también inventaremos un nuevo humanismo.