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Soñar Que Se Te Quiebran Las Uñas

octubre 8, 2022

Los cuadros, las ventanas donde acuden los pájaros a ser bruma y amores, trajes festivos, juegos, las alcobas, expresiones que se prenden a la luz, lentas horas amadas por los sueños, como un hilo, una sombra que palpita ante el espejo, la cara envejecido, habitación desnuda, abiertas horas, qué lejanos los vuelos, los relojes, las páginas escritas para el aire que a trozos se nos cae de las manos, historia interminable de la vida, del pasado y los ojos, los caminos que ya nos abandonan sobre el agua, donde creímos ser la luz de un sueño, el sueño de la luz donde crecemos. Organista del aire y de los sueños, teclados donde vuelan las ventanas, donde ríen y lloran las palabras,»\’ las expresiones del agua, catedral de los pájaros, luz de Santa Ana, pegando los muros, las paredes, mis ojos las vidrieras, los colores, los suecos adoquines, el portal de la casa, la vivienda que nos vio crecer por los corredores, despertar los balcones, abiertas las ventanas, tirarlas a la calle, derramarlas, volcarlas a la luz, sentir sus ojos intentando encontrar en el silencio de los siglos la humedad de los años, su escritura. A la liberación que nos libera, a este vuelo de nubes y montañas, a esta luz que se cae de los ojos, a este mar que nos abre mucho más caminos, nos descubre más prados y silencios, la vida que se esconde en nuestros ojos, pone fin a la piedra que nos cierra después de los muros el aire persiguiendo más caminos al hombre que nos padece poniendo luz al sueño que no sueña, al canto que no cuenta lo que canta, al canto que no canta lo que cuenta, escondiendo el insomnio, nuestras vidas, la loseta encarcelando polvo y nada.

La puerta siempre sin luz del sendero, como piedra encerrada, tras la puerta donde olvidan los años que tuviese blanco el mar sobre el mar, roja la tarde, abierto, inmenso el mar, frente sus ojos. Sobre verdes lomas y montañas, a los ojos callados en la sombra muy dulce del sueño, a la ambición sin tregua de unos labios, desaforados, a labios como garras de otros labios, al cerco que oscurece los deseos, a manos regidos por la flor, que mueren poseídas por la luz. En estas cinco cartas que Ernesto Sabato dirige a sus leyentes profundiza en su análisis de nuestra situación, empezado con Antes del fin, y aboga por un nuevo humanismo, con «la convicción de que-únicamente-los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana».

Las Expresiones Del Presidente

Hacia el cobijo blanco de los días donde habitan y mueren los salones, los zarpazos del llanto, sus silencios, la lumbre del hogar que nos incendia la caoba del humo después de las horas, el cariño después de los dientes de la luz, del fuego y la pasión donde revive el exitación de la noche, la caoba y el humo del deseo en la palabra, la muerte en la palabra jamás dicha. Y América, la América desviste infantil aguardando eternas manos, blancas y abiertas manos de sus hijos, pues nunca de engaños fueran celdas, no sufrieran más lloros, por el momento no fueran más presentes de abusos y perdones. Medrando, herido llanto, más sufriendo, mucho más adentro que adentro de la luz, tan hondo en la memoria de los años, tan hondo a lo más hondo, mas callando en la manera insumisa de la piedra.

Los progresos de la ciencia y la técnica han transformado al hombre en un fácil engranaje de una máquina de generar y consumir. Esta dramática preocupación por lo económico, la idolatría por la técnica y la explotación del hombre nos han llevado a la masificación, a la globalización, a la clonación-al temor. La sociedad virtual donde vivimos nos aleja del corazón de las cosas, nos hunde en una indiferencia metafísica que nos hace olvidar el latido de la vida. Pero se atisban novedosas esperanzas, otras formas de ver el entorno, en el arte, en la resistencia de ciertos a la uniformización, en los deseos expresados, que nos hacen tomar conciencia de que se puede soportar al poder de la robotización.

El Poder De Las Expresiones

Que meden la alegría, y en tus manos colgar la luz, el agua, la promesa que tiendes en la arena, la desnudas, donde la noche escuche y me penetre los sueños, me despierte y a bandazos rodando hasta perderme en nuevos sueños, dé luz a quien me hiere y me destroza la voz, la piel desviste a cada momento del tiempo que yo añoro, que tú vives, calle abierta, sin sombras, calle blanca sin números, sin cercos ni barreras, sendero hacia caminos, siempre luz. Los árboles lloviendo blancos pájaros, las flores que en las voces se rompían, las ramas que bailaban las paredes, los cajones abiertos, bostezando, leal la esperanza infiel de la memoria, la cómoda, el tiempo ahora pasado, la mañana que ahora busca abrir blancas las puertas rojas de la aurora al fuego de la luz y la pasión. A devorar jardines, a romperle los labios a la fuente, hasta el deseo, húndete en los jarros donde el mar esconde entre sus brazos imposibles caminos, donde el aire pace luz leyendo con el fuego las hogueras escritas con los sueños, con la magia de los astros que escuchan tras el tiempo las horas de la noche, con los ojos, la sangre que derrama la memoria. Sus sueños en la piedra, después de los muros, los muros tras los ojos que se ciegan, después de las piedras que pudren la memoria, si liberarte deseo de ese abismo, de ese grito que asiste a tu clemencia, clemencia para el aire que pasea, y ser la rueda blanca de unas manos. De sangre y negros chillidos, de montañas de arena bostezando playas, lluvias, torrenteras de lava hacia barrancos, rodando sus jardines de aire negro, patios abiertos, colorados sus bostezos de sedientos geranios, corredores, atalayas del alba y la ternura, verdes enredaderas dibujando las paredes azules de la isla, y en lo prominente del aire, desafiantes sus montes, sus peñascos, Tamadaba, rabia y furor del Nublo deslumbrado. Los sueños ahora pasados, negras huellas que marcan en sus ojos la agonía del aire que se ahoga donde muere el tiempo que no pasa, que dormimos en el tiempo, los sueños que soñamos volviendo a transitar la calle oscura y triste de los años ya pasados.

soñar que se te quiebran las uñas

Los siglos por los siglos de los siglos escribiendo sus páginas, las horas, sus pesares, los sueños de la isla, rodando hacia la sombra donde redacta la mano que soñamos su pasado, el presente, su amor, honda la sombra fugaz como la luz, la historia siempre y en todo momento rodando hacia la nube que anda cogida de la mano intemporal, hacia la historia y cruz de su destino. Canastas de oro y sol, nidos de támaras, los pájaros, cardones, candelabros vistiendo de médanos los barrancos, barrancos que bostezan sus desnudas lávicas plataformas hacia el mar, pinares despeñando caravanas, dragos decorativas, dromedarios, vegetales estatuas sigilosas, altífonos de piedra diluviando monumentos al aire, grises trazos, cegadores lentiscos hacia el mar. Desprendidos del sueño, las campanas, lesiones que en los labios de la muerte la sombra nos corroe de este rostro que mira cómo caen de la tarde los brazos, negras nubes, en la arena, dormidos en la desaparición, tras la muerte que duerme cuando muere tras el llanto el llanto de la desaparición que no llora, el llanto que no padece cuando muere. Ocultos del adulto mayor que en este momento llora, que muere junto al niño, como el niño en la sombra marchita de la piedra, al lado del hombre y los días escuchando los espéculos que habitan, donde mueren los años después de los ojos de aquel niño, los años ya perdidos, sin memoria.

Y crear nuevos valores humanos, recobrando los aprecios, el gozo, el diálogo, la imaginación, la belleza, la fe en nuestro destino. Como en otras temporadas de crisis, salvaremos el abismo y también inventaremos un nuevo humanismo. Con exactamente la misma firme intención de dar testimonio sobre su época que demostró siempre, Ernesto Sabato nos pone en guarda contra los riesgos que aquejan nuestra cultura, en este momento en la mucho más grave bifurcación de su crónica. Sin embargo, sus dudas no tienen la posibilidad de acallar su «esperanza demencial» en el hombre.

soñar que se te quiebran las uñas

Las representaciones sociales asignan al cuerpo una posición determinada en el seno del simbolismo general de una sociedad. Ahora bien, ¿qué es lo que hace del cuerpo un tema favorecido de prácticas, discursos y también imaginarios en las sociedades modernas? David Le Breton, tomando el cuerpo como hilo conductor, nos proporciona una perspectiva antropológica de la modernidad.

Antropología del cuerpo, antropología del presente, este libro vale de la etnología y de la historia para ver desde un ángulo insólito la lógica popular y cultural que está en el corazón de la medicina moderna y en los ritos sociales, así como en la preocupación actual por la salud, el aspecto y el confort corporal. Los balcones libres y la calle © Del archivo, los autores. Después de los años que a ciegas son caminos, © Del documento, los autores.

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